Durante años fue un almacén más del West Loop. Hoy, un colectivo de promotores locales lo ha rehabilitado para convertirlo en un club con aforo para 600 personas y un sistema de sonido diseñado a medida.
La programación de apertura apuesta por sesiones largas y DJs residentes, con noches dedicadas al house vocal y otras al sonido más crudo de las cajas de ritmos.
Los promotores insisten en que no quieren un museo, sino una pista viva: entradas a precio asequible, prohibición de móviles en la pista y una política estricta de respeto.




